Los editores temieron en 1845 el fin de los periódicos con la irrupción del telégrafo

James Gordon Bennett, editor del New York Herald fue quien dijo en 1845: “Este invento va a destruir los periódicos”. Y el invento era el telégrafo. Esta es la solución a la encuesta que planteé la pasada semana. Para Bennett y lod editores en general, la inmediatez del telégrafo lo haría invencible a la hora de transmitir noticias. El temor era en principio fundado, en gran parte por la dinámica propia de los periódicos, muy lenta en cuanto al flujo de la información. Las noticias llegaban por correo y la mayor parte se las copiaban los unos a los otros. Las que procedían del extranjero tardaban varias semanas en ser publicadas. Con el nuevo invento, las noticias llegarían mucho antes a las oficinas de telégrafo, con lo que cual impondrían el monopolio de su distribución y cobrarían altos precios a los periódicos por ellas.

El editor del New York Herald sostenía que el único medio que tenían los rotativos para sobrevivir era aportar análisis y opinión a las noticas. Los que siguieran con la práctica del corta y pega desaparecerían sin remedio. Cómo se parece el discurso de Bennett al que mantienen hoy día algunos expertos, solo varían más de dos siglos y el invento. Entonces fue el telégrafo y hoy es internet, pero el antídoto es muy similar.

Y efectivamente el telégrafo cambió los periódicos, pero no como Bennett y el resto de editores pensaban. El invento fue eficaz en la distribución de las noticias. Viajaban muy rápido. El problema era que se quedaban en la oficina de telégrafos. Fallaban en lo que se denominaba la última milla. Es decir, no llegaban a los lectores del área de influencia de la oficina correspondiente. Eran los periódicos quienes tenían esos canales de la última milla. Al final, el telégrafo no acabó con los diarios, sino que mejoró notablemente su contenido.

Más tarde se predijo de nuevo la desaparición de los periódicos con la arrupción de la radio, y posteriormente con la televisión. No ocurrió. Los periódicos siguieron mejorando complementando las noticias que, por su formato, radio y televisión emitían de forma escueta. Pero internet ha sido otra cosa, entre otras razones porque ha aportado algo imbatible que es la convergencia tecnológica que permite el entorno digital. Todos los medios de comunicación convergen en internet. Podemos leer periódicos, escuchar emisoras de radio y ver televisión, y lo que es más importante, de cualquier parte del mundo, sin barreras geográficas. Porque en internet no solo convergen los medios, sino también sus sistemas de distribución. La red suple el espacio radioléctrico y las flotas de furgonetas de reparto, y lo hace de forma más fácil, eficiente y económica.

Lo que también ha hecho internet es incrementar la demanda de información, pero también la oferta. No obstante, de aquel temor de Bennett y sus colegas, los periódicos deben extraer una moraleja, y es que siguen ahí a pesar de que desde 1845 se pronostica su fin. En esta gran demanda de información deben hallar su encaje, aunque con modelos, dinámicas y formatos distintos. La clave está en ofrecer un producto que tenga valor en el nuevo mercado, que son los contenidos de calidad. Ya lo decía Bennett.

 

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